Las tostadas que preparo para el desayuno fuera de hora se queman. Sin ánimo de interpretar nada asumo ese hecho como una exhortación a tomar una decisión justa o justo una decisión. Pero reconozco inmediatamente la paráfrasis y tomo Mil Mesetas.
Leo intensivamente la página 29: “Línea de suerte, línea de cadera, línea de fuga. ¡No susciteis un General en vosotros! Nada de ideas justas, justo una idea (Godard)”
Como una tostada, un perro ladra afuera y deseo ideas cortas, hacer mapas, olvidar las fotografias o imprimirlas sobre otros mapas, quiero ser la Pantera Rosa y que mis amores sean como los de la avispa y la orquidea. Y quiero seguir la lectura que “no empieza ni acaba, simpre está en el medio, entre las cosas, inter-ser, intermezzo” cuando afuera perro vuelve a ladrar (el mismo de antes u otro) “¿A donde vais? ¿De donde partis? ¿A dónde quereis llegar? Todas esas preguntas son inutiles. Hacer tabla rasa, partir o repartir de cero, buscar un principio o un fundamento, implican una falsa concepción del viaje y el movimeinto”.
Cierro el libro y salgo, voy a la playa. Escucho el mar y luego sus palabras, tomadas de Rizoma “arroyo sin principio ni fin que socava las dos orillas y adquiere velocidad en el medio”.